Se apaga la luz de la rebeldía


160px-cespedesDespués de su destitución lo obligaron a acompañar al nuevo gobierno y a la Cámara durante dos meses. Tras la negativa de permitírsele salir al extranjero para visitar a su esposa e hijos, se le confinó a la finca San Lorenzo, en la Sierra Maestra. Hacia allí se dirigió el 27 de diciembre de 1873, sin la debida escolta, pues el gobierno se la negó, la llegada al lugar se produjo en la noche del 23 de enero de 1874. En la quietud de la sierra se dedicó a escribir y a enseñar a leer a los niños.

El 27 de febrero de 1874, una columna española penetró sorpresivamente en San Lorenzo. En el diario de Céspedes se refleja la llegada de los españoles:

Hoy ha salido un criado en busca de cocos y trae la noticia de haber llegado una columna española.

Según el historiador Yoel Cordoví Núñez, especialista del Instituto de Historia de Cuba, los acontecimientos del día 27 sucedieron de la siguiente forma[5]:

El desenlace fatal se avizoraba. El Padre de la Patria, luego de sus acostumbradas tareas diurnas, incluida la última partida de ajedrez con su coterráneo Pedro Maceo Chamorro, sale a visitar a algunos vecinos de la intrincada comarca, en donde enseñaba a leer y escribir a los niños y dialogaba con los campesinos de la zona. Una niña se aproxima a la casa de “Panchita” Rodríguez, donde se encontraba Céspedes, y por el camino descubre la presencia de soldados españoles. Al parecer, una traición ponía al descubierto su paradero.

El patriota, revólver en mano, sale del bohío. Los españoles emprenden la persecución abriendo fuego.

Un capitán, un sargento y cinco soldados lo persiguen. Los españoles intentan capturarlo vivo, pero el bayamés dispara sin detener la carrera. La hora final llegaba. El sargento Felipe González Ferrer se le encima, y ante un último esfuerzo de Céspedes por neutralizar de un disparo a su rival, el sargento acciona su fusil y a quemarropa le perfora el corazón.

El coronel del Ejército Libertador Manuel Sanguily captó todo el simbolismo de la muerte de Céspedes cuando resumió la misma en poéticas palabras:

Céspedes no podía consentir que a él, encarnación soberana de la sublime rebeldía, le llevaran en triunfo los españoles, preso y amarrado como un delincuente. Aceptó sólo, por breves momentos, el gran combate de su pueblo: hizo frente con su revólver a los enemigos que se le encimaban, y herido de muerte por bala contraria, cayó en un barranco, como un sol de llamas que se hunde en el abismo

Así dejaba de existir el iniciador de la guerra de independencia en Cuba contra el gobierno español. Su cadáver fue conducido a Santiago de Cuba, donde se le dio sepultura.

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