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Tomado de Sierra Maestra

Desde bien temprano en la mañana despierta la más popular de las arterias santiagueras, vestida con el bullicio y el olor de la ciudad indómita. La calle Enramadas luce hoy una nueva apariencia que había sido anhelada por todos los transeúntes fieles a ella. Al igual que otros sitios emblemáticos de la urbe, se convirtió en espacio de transformaciones a propósito del aniversario 500 de la otrora villa.

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Solo basta traspasar el gran portón de hierro visible desde la conocida “Plaza de Marte” para apreciar todo un entramado de costumbres y tradición. No escapa a la vista el cambio de pavimentación, considerado hoy una de las propuestas de mayor impacto urbano y que consiste en llevar al mismo nivel la calle y las aceras, con el objetivo de crear una sensación de amplitud para que los caminantes disfruten con tranquilidad el espacio.

Desde su delineado en 1603 hasta hoy, la mano del hombre provocó en ella sucesivos cambios hasta hacerla una de las principales arterias de la vida social y comercial de la siempre animada metrópoli; sin embargo, las ac¬ciones constructivas en progreso le aportan dimensiones en las que la cultura y los apremios funcionales introducen modernidad sin socavar los valores patrimoniales propios y del entorno.

La antiguamente conocida “Calle Ancha” se transforma en un pa¬seo artístico a cielo abierto donde paredes coloridas, obras de arte y estatuas que cobran vida le regalan un ambiente seductor. Incrustadas en el centro de la franja de circulación peatonal, se evidencian creaciones de reconocidos artistas de la plástica, entre ellos el escultor Alberto Lescay, autor de varias placas de bronce fundido, en las que aparecen figuras a relieve rodeadas de piezas de mármol blanco.

“Todavía falta mucho por hacer, pero el cambio es gigantesco. La calle está espectacular y constituye una vía de paso fundamental para cubanos y foráneos. A todo el pueblo le queda la inmensa responsabilidad de contribuir con la limpieza, al cuidado de esta avenida para que siga con su bella imagen y continúe siendo el rostro de Santiago.” Así afirma Dalia Martín, una ciudadana que se siente orgullosa de caminar por la emblemática arteria.

Llenas de motivación las instituciones y aquellos que residen en las viviendas aledañas a la calle, también están enfocados en su embellecimiento. Pulen vitrinas comerciales o simplemente barren los espacios públicos. En medio de tanto ajetreo, los trabajadores por cuenta propia, apoyados por las autoridades de la ciudad, colocan carteles de atractivo diseño en los que anuncian sus ofertas.

Enramadas es hoy más que una simple línea de travesía. Se define como un símbolo del pueblo santiaguero. Muchos la califican como una obra de arte que ha desafiado el ingenio de sus restauradores. Promete quedarse en el corazón de Santiago más allá de otro medio milenio.

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